Crisis de refugiados: El cierre de las fronteras de los Balcanes deja a miles de personas separadas y varadas en Grecia

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Migrantes y refugiados esperan para cruzar la frontera entre Grecia y Macedonia este mes de noviembre de 2015 © SAKIS MITROLIDIS/AFP/Getty Images

Las nuevas normas de control de fronteras que han aplicado casi simultáneamente los gobiernos de Macedonia, Serbia y Croacia en las últimas 48 horas han generado nuevas violaciones de derechos humanos a gran escala, incluidas expulsiones colectivas y discriminación contra aquellas personas a quienes, por su nacionalidad, se considera migrantes económicos o refugiados, ha dicho hoy Amnistía Internacional.

La organización ha observado cómo las nuevas medidas que se han implantado en esta ruta desde el 18 de noviembre han negado a muchas personas el acceso a procedimientos de asilo y han dejado a miles varadas en terribles condiciones en los puestos fronterizos de Grecia con Macedonia.

“Esta cadena de acontecimientos sumamente preocupante ha vuelto a dejar a miles de personas varadas en un limbo simplemente por su lugar de origen. Justo en el momento en que los gobiernos de los Balcanes y Europa se han comprometido a colaborar más estrechamente para mejorar la seguridad y el acceso a los procedimientos de asilo en la ruta de los Balcanes, está ocurriendo precisamente lo contrario”, ha dicho John Dalhuisen, director del Programa Regional para Europa y Asia central de Amnistía Internacional.

“Estos gobiernos parecen haber actuado sin pensar en las consecuencias que supone su decisión para las miles de personas que ahora están varadas en condiciones sumamente inadecuadas, sin ningún sitio donde ir y con apenas ayuda humanitaria. Esto sólo sirve para ponerlas de nuevo en manos de los traficantes de personas. Hay miles de personas más en camino, así que es preciso actuar urgentemente para dar marcha atrás a esta desastrosa situación que empeora.”

Devoluciones forzosas en la frontera y separación

Durante la noche del 18 de noviembre, Macedonia, Serbia y Croacia modificaron repentinamente y sin previo aviso sus políticas de gestión de fronteras de forma más o menos simultánea.

Macedonia fue el primer país que actuó, negándose a admitir a ninguna persona que no tuviera documentos para demostrar que procedía de Afganistán, Irak o Siria. Esto supuso que cientos de personas quedaran varadas, bien por venir de otros países, como Irán, Sri Lanka, Sudán, República Democrática del Congo y Pakistán o bien por no tener documentos de identidad. En el pueblo de Idomeni, la policía fronteriza griega sigue impidiendo salir a personas que no sean de Afganistán, Irak o Siria, alegando que Macedonia no las dejará entrar.

Ayer a las 11 de la mañana las autoridades de Macedonia cerraron súbitamente la frontera a todas las nacionalidades, manteniéndola así todo el día. La frontera volvió a abrirse esta mañana, pero sólo para ciudadanos sirios, afganos e iraquíes, que pasan a un ritmo de sólo 50 la hora. En la frontera hay una fuerte presencia de policía macedonia.

Según personal de la ONG humanitaria Médicos sin Fronteras (MSF), que trabaja allí, unas 6.000 personas pasaron la noche en Idomeni, frente a las 1.500 de la noche anterior. Según MSF, con la llegada prevista de miles más esta noche, la cantidad de personas que pasarán la noche en Idomeni, donde sólo hay refugio para 900 personas, aumentará a unas 8.000. El centro de recepción de Gevgelija, en el lado macedonio de la frontera, está vacío y sin usar.

Grupos solidarios locales y una ONG han facilitado comida en el pueblo de Idomeni, mientras que ACNUR y Save the Children están gestionando la distribución de alimentos. Actualmente hay en el lugar aproximadamente una decena de trabajadores de ACNUR, que piensa incrementar sus recursos en la zona.

Aunque las autoridades griegas han enviado refuerzos policiales, Amnistía Internacional ha señalado que siguen sin cubrir las necesidades humanitarias.

También son evidentes las tensiones entre nacionalidades. El 19 de noviembre, un grupo de unos 200 ciudadanos iraníes protagonizaron una protesta en las vías del ferrocarril, bloqueando la salida de un tren que llevaba ciudadanos sirios a Macedonia.

Bloqueos simultáneos de fronteras

La noche del 18 de noviembre, los funcionarios de fronteras serbios también comenzaron a filtrar por nacionalidades a quienes entraban al país, dejando pasar sólo a afganos, iraquíes y sirios. Se produjo la expulsión colectiva a Macedonia de unas 200 personas, que pasaron la noche en la estación de Tabanovce en estructuras prefabricadas proporcionadas por ACNUR.

La noche siguiente, Macedonia cerró su frontera con Serbia, dejando a unas 100 personas atrapadas en tierra de nadie entre los puestos fronterizos de ambos países. La Cruz Roja pudo proporcionarles mantas, pero no se permitió al ACNUR que accediera a ellas. Estas personas han sido devueltas a Macedonia y se les ha dado alojamiento en la estación de tren de Tabanovce.
El 18 de noviembre, a unas 440 personas también se les bloqueó la entrada a Croacia en la frontera con Serbia, y la policía fronteriza de ambos países colaboró para impedir que tomaran trenes en Sid. Los integrantes de un grupo, formado sobre todo por hombres, pero en el que había también tres mujeres y dos menores, procedentes de países como Marruecos, Bangladesh y Pakistán, fueron detenidos en Croacia y enviados de vuelta en autobús a Serbia.

Endurecimiento de los controles fronterizos de la UE

El endurecimiento de los controles fronterizos en la ruta de los Balcanes se produjo en vísperas de la reunión extraordinaria de hoy de los ministros de Justicia e Interior de la UE en Bruselas, la primera tras los atentados del 13 de noviembre en París. La agenda de la reunión tocaba el tema del aumento de los controles de seguridad a lo largo de las fronteras exteriores de la UE, así como en la zona Schengen, teóricamente sin fronteras, pero al parecer sin centrarse para nada en la protección de los derechos humanos.

“Es fundamental que los países de la región, conjuntamente con la UE y todos sus Estados Miembros, coordinen eficazmente el control de fronteras sin discriminación, que genera expulsiones colectivas y devoluciones ilícitas de refugiados y solicitantes de asilo. Las existencia de unas rutas hacia Europa bien gestionadas, seguras y legales, con acceso a procedimientos de asilo efectivos para todo el que desee solicitarlo, contribuiría mucho a identificar amenazas de seguridad, cumpliendo al mismo tiempo la obligación internacional de proporcionar protección a quienes lo necesitan”, ha dicho John Dalhuisen.

Información complementaria

En julio de 2015, Amnistía Internacional publicó un informe, Europe’s Borderlands: Violations against migrants and refugees in Macedonia, Serbia and Hungary, que documentaba cómo las personas refugiadas y migrantes eran sometidas de manera habitual a devoluciones ilegales y malos tratos por la policía fronteriza, y corrían peligro de ser explotadas por los traficantes.

La situación no ha hecho más que empeorar, al aumentar la afluencia de personas durante los meses de verano y otoño y llegó a un punto de crisis el 15 de septiembre, con el cierre total de la frontera de Hungría, que aumentó la tensión existente en una ruta migratoria ya específica y mal coordinada a lo largo de los Balcanes.

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