Un año después del mortal conflicto de Gaza e Israel, la pesadilla continúa

En un abrir y cerrar de ojos, la peor de las pesadillas de ‘Attiyeh se hizo realidad.

El 21 de noviembre de 2012, su hijo Mahmoud, de 13 años, resultó muerto, al recibir el impacto de un misil disparado por un avión israelí no tripulado, cuando bajaba por la calle, de camino a una tienda próxima a su casa, en la zona de Al Manara de la ciudad de Gaza. No llevaba nada más que una moneda en la mano, con la que iba a comprarle un bolígrafo a su hermanita.

“Cuando encontraron el cuerpo de Mahmoud y lo llevaron al hospital, el médico le abrió el puño y vio la moneda que llevaba, apretada, en él”, explicó ‘Attiyeh Abu Khousa a la delegación de Amnistía que examinó días después al lugar donde había caído el misil.

El proyectil alcanzó a Mahmoud en una carretera ancha y con buena visibilidad, observada desde arriba. La vigilancia aérea israelí tenía que ver que era un niño. Según testigos, no parecía haber objetivos militares en las inmediaciones en ese momento.

Mahmoud murió el último día de un conflicto que enfrentó al ejército israelí y a grupos armados palestinos en la Franja de Gaza durante ocho días. Las fuerzas israelíes habían lanzado el 14 de noviembre de 2012 la operación “Pilar de Defensa”, matando al líder del brazo armado de Hamás, tras haber efectuado ambos bandos ataques ilegítimos durante los días previos.

En poco más de una semana murieron más de 165 palestinos, entre ellos más de 30 niños y unos 70 civiles más que no participaban directamente en las hostilidades, y 6 israelíes, 4 de ellos civiles. El 21 de noviembre por la noche se alcanzó un alto el fuego.

El ejército israelí no ha hecho ningún comentario sobre el homicidio de Mahmoud en uno de los 18 ataques documentados por Amnistía Internacional en que misiles disparados por aviones israelíes no tripulados mataron a civiles en Gaza durante esa trágica semana.

Decenas de miles de habitantes de Gaza huyeron de sus hogares durante el conflicto. Aunque la mayoría de esas familias pudieron regresar a sus casas tras el alto el fuego, todavía están superando a duras penas el trauma de haber tenido que huir, en muchos casos en medio de los ataques. Y centenares de familias siguen desplazadas en Gaza, porque sus viviendas fueron destrozadas en el conflicto y, al cabo de un año, la mayoría no han podido ser reconstruidas debido a las restricciones que continúa imponiendo Israel a la importación de materiales de construcción en Gaza.

Ataques indiscriminados con cohetes lanzados desde Gaza

En Israel también fue la población civil la que más se vio afectada por el conflicto. Los grupos armados palestinos dispararon más de 1.500 cohetes y proyectiles de mortero durante los ocho días. La mayoría de estos ataques fueron indiscriminados, pues se efectuaron con armas que no podían dirigirse con precisión contra objetivos militares y cuyo uso violaba, por tanto, el derecho internacional humanitario.

David Amsalem y su familia no olvidarán jamás la mañana del 15 de noviembre de 2012. Su esposa lo telefoneó al trabajo a las ocho de la mañana para decirle que todo estaba tranquilo. Sin embargo, las cosas cambiaron cuando, 15 minutos después, un cohete lanzado desde Gaza hizo impacto en su bloque de apartamentos, en Kiryat Malachi, y mató a su hijo Itzik, de 24 años.

“En cuanto sonó la alarma, nuestro hijo hizo salir a mi esposa del apartamento, pero él se quedó rezagado –ha explicado a Amnistía Internacional–. Ella gritó: ‘¡Itzik, Itzik!’ Nuestro vecino entró a buscarle, pero también lo mataron. Itzik recibió un impacto directo […] Durante la semana siguiente, cuando estábamos de duelo, cayeron centenares de cohetes.”

El vecino era Aharon Smadja, de 49 años y con tres hijos. En el mismo ataque murió además Mirah Scharf, de 25 años y madre también de tres hijos.

Negación de justicia

Un año después del conflicto ningún bando ha llevado a cabo investigaciones independientes e imparciales sobre las presuntas violaciones del derecho internacional cometidas.

El auditor general militar de Israel ha recibido decenas de denuncias de ONG palestinas e israelíes, entre ellas casos de civiles muertos en ataques que pudieron constituir crímenes de guerra, pero Amnistía Internacional no tiene noticia de que haya abierto alguna investigación criminal.

La administración de facto de Hamás en la Franja de Gaza no ha realizado investigaciones de ninguna clase sobre violaciones del derecho internacional humanitario perpetradas por los grupos armados palestinos durante el conflicto. Hay indicios de que, además de los cuatro civiles israelíes que fueron víctimas de homicidio ilegítimo en ataques indiscriminados con cohetes, también murieron a causa de cohetes palestinos varios civiles palestinos de Gaza.

La falta de rendición de cuentas por graves violaciones del derecho internacional humanitario, incluidos crímenes de guerra, no está limitada en absoluto al conflicto de noviembre de 2012. Es sistémica y fomenta, entre palestinos e israelíes por igual, el temor a que sea de nuevo la población civil la que más afectada se vea en todo enfrentamiento futuro.

En la Franja de Gaza y en Cisjordania continúan a diario las violaciones israelíes del derecho internacional, incluido el uso habitual de medios letales contra civiles palestinos que no representan ninguna amenaza para las fuerzas israelíes. Desde finales de febrero, los grupos armados palestinos de Gaza vienen disparando de manera esporádica cohetes y proyectiles de mortero hacia comunidades civiles de Israel.

“El temor a nuevos derramamientos de sangre se cierne como una oscura nube sobre estos hombres, mujeres, niños y niñas, que se sienten atrapados en una espiral de violaciones del derecho internacional, fomentadas por el clima de impunidad”, ha señalado Deborah Hyams, investigadora de Amnistía Internacional, especializada en Israel y los Territorios Palestinos Ocupados.

Por si el temor a nuevos ataques mortales no fuera suficiente, los habitantes de Gaza tienen que soportar los desastrosos efectos del persistente bloqueo israelí del territorio por tierra, mar y aire, junto con las restricciones impuestas por Egipto. Carecen de agua potable segura, sufren a diario cortes de electricidad de 12 horas de duración y, en muchos casos, a duras penas pueden acceder a artículos básicos como medicinas y alimentos adecuados.

Estas privaciones se agravaron el 1 de noviembre de este año, cuando la única central eléctrica de Gaza se vio obligada a cerrar por falta de combustible, lo que puso aún más en peligro servicios esenciales de salud y saneamiento.

“El mundo se ha olvidado de Gaza, de sus mujeres y sus niños y niñas. El bloqueo es tan malo como la guerra; es como una muerte lenta para cada persona de Gaza. Estamos pagando el precio de conflictos entre distintas potencias. ¿No es vergonzoso? El mundo ha perdido su humanidad”, dijo ‘Attiyeh Abu Khousa a Amnistía Internacional la semana pasada.

“El mundo sigue mirando para otro lado en lo que se refiere al bloqueo de Gaza, que es un castigo colectivo para 1,7 millones de civiles. Esta violación absoluta del derecho internacional lleva más de seis años permitiéndose”, ha afirmado Deborah Hyams.

“Mientras los líderes israelíes y palestinos no demuestren tener voluntad política para proteger a los civiles de ambos bandos, la espiral de violaciones del derecho internacional será una pesadilla recurrente. Y mientras la comunidad internacional no garantice que se da prioridad a la necesidad de poner fin a los abusos contra los derechos humanos y a la impunidad de los delitos de derecho internacional, seguirá siendo difícil encontrar una solución justa y duradera al conflicto.”

Como dijo el año pasado a Amnistía Internacional una mujer de Gaza a cuya hija habían matado en el conflicto de noviembre de 2012, “Estamos hartos de vivir con miedo. ¿Creen que queremos vivir así? No, queremos vivir en paz”.

TESTIMONIO

Muhammed Ibrahim ‘Ashour, de ocho años, murió con el cuerpo hecho pedazos el 20 de noviembre de 2012, cuando un misil disparado por un avión israelí no tripulado cayó sobre él mientras jugaba en el jardín de su casa, en Al Zaytoun, en la ciudad de Gaza.

Su abuelo, de 80 años, y otros cinco niños resultaron heridos por la metralla del misil.

Tres días después, una delegación de Amnistía Internacional visitó a la familia y examinó el lugar del ataque, incluidos los restos del misil, la metralla de forma cúbica incrustada en los árboles del jardín y los agujeros también cúbicos de los depósitos de agua.

No había indicios de que el lugar se hubiera utilizado con fines militares; además, aun cuando el ejército israelí supusiera que se daba tal uso al jardín en algún momento, los niños que jugaban allí debían de ser visibles para el avión de vigilancia israelí.

“No había nadie, más que los niños y su abuelo –ha explicado a Amnistía Internacional Muhammed Rizq ‘Ashour, tío del niño muerto–. ¿Qué habían hecho esos niños? ¿Cuál era su delito? No hacían más que jugar en el jardín. Incluso en las guerras necesitan jugar los niños. Debían de ser visibles desde el cielo para los aviones [de vigilancia] no tripulados israelíes. Queremos saber por qué se disparó un misil contra esos niños.”

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