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Egipto: Decenas de civiles desaparecidos, expuestos a tortura constante en prisión militar

Friday 23/05/2014 - 8:50 | Categoría: Noticias |

Comunicados de prensa

23 mayo 2014

Según nuevos e impactantes datos reunidos por Amnistía Internacional, decenas de civiles han sido objeto de desaparición forzosa y recluidos en secreto durante meses en una base militar egipcia, donde los han sometido a tortura y otros malos tratos para hacerles confesar delitos.

Abogados y activistas egipcios han elaborado una lista de al menos 30 civiles que, según la información disponible, se encuentran recluidos en secreto en la prisión de Al Azouly, situada dentro de la base militar de Al Galaa, en  Ismailia, 130 kilómetros al nordeste de El Cairo. Diversas personas que han estado detenidas allí han dicho a Amnistía Internacional que podría haber muchos más, posiblemente hasta 400,en el bloque de tres plantas que forma la prisión. No se han presentado cargos contra ellos, no han sido llevados ante un fiscal o un tribunal y no han tenido acceso a sus abogados ni a  sus familias.

“Estás prácticas son propias de los momentos más oscuros de los gobiernos militar y de Mubarak –ha señalado Hassiba Hadj-Sahraoui, de Amnistía Internacional–. El ejército egipcio no puede pisotear así los derechos de los detenidos.”

Las autoridades deben informar de inmediato a las familias y abogados de las personas recluidas en secreto en la base militar de Al Galaa  o en cualquier otro lugar. Toda persona sometida a desaparición forzada ha de tener de inmediato acceso a un médico, a un abogado y a su familia.

Debe protegerse a los detenidos para que no sufran más torturas ni malos tratos, y, salvo que vayan a ser acusados con prontitud de algún delito común reconocible y llevados ante un juez para ser sometidos a un juicio justo, han de ser puestos en libertad.

“Se recibe constantemente información sobre torturas practicadas en Egipto –ha añadido Hassiba Hadj-Sahraoui. Pero lo que está ocurriendo en la prisión parece sacado directamente de un manual para torturadores y pone de manifiesto la represión implacable que se oculta tras las palabras de las autoridades cuando hablan de hoja de ruta hacia la democracia y las próximas elecciones.”

Deben realizarse investigaciones completas, imparciales e independientes sobre todas las denuncias de tortura y malos tratos para poner a todos los responsables a disposición judicial.

Amnistía Internacional ha entrevistado a personas que han salido recientemente en libertad de la prisión de Al Azoul. Ofrecen terribles testimonios de torturas, como  descargas eléctricas, quemaduras y otros malos tratos, practicadas durante los interrogatorios en la base militar.

Los abogados y activistas han dicho a Amnistía Internacional que las desapariciones forzadas van en aumento en Egipto desde noviembre de 2013. Se espera que las personas recluidas en secreto comparezcan ante fiscales de seguridad del Estado tras haber “confesado” bajo tortura. Parece que algunas llevan meses en esta situación y que durante todo este tipo están siendo torturadas para obligarlas a hacer “confesiones”.

Los abogados que trabajan en causas relacionadas con la seguridad de Estado, incluidos los de los detenidos Al Azouly, describen un patrón sistemático de secuestros de personas en sus casas o en la calle para enviarlas a Al Azouly, donde no tienen acceso a abogados ni a sus familias, sin que las autoridades reconozcan que se están bajo su custodia.

Se coacciona a los detenidos para que “confiesen” delitos o impliquen a otras personas. Algunos acceden a hacerlo cuando los remiten al fiscal de seguridad el Estado a fin de salir de la prisión y librarse de la tortura. Los abogados con los que ha hablado Amnistía Internacional afirman que no les permiten nunca asistir a la primera investigación ni les informan de la fecha o el momento en que se va a realizar.

“La tortura está absolutamente prohibida, en todas las circunstancias, y es un delito de derecho internacional –ha afirmado Hassiba Hadj-Sahraoui–. Los fiscales, tribunales y demás autoridades egipcias competentes no deben utilizar jamás “confesiones” ni declaraciones obtenidas por medio de tortura u otros malos tratos en ningún procedimiento judicial. El encarcelamiento basado en tales pruebas constituye detención arbitraria.”

Testimonios y casos

Detenido de la prisión militar Al Azouly puesto recientemente en libertad:
“Los militares me detuvieron en enero [de 2014…] y ese mismo día me llevaron a la prisión de Al Azouly, tras cuatro horas de palizas en un campamento militar de mi localidad. Me tuvieron allí 76 días, sin ver a juez ni a un fiscal ni permitirme siquiera hablar con mi familia. Me recluyeron en régimen de aislamiento en la tercera planta. Las autoridades de la prisión me interrogaron seis veces. Durante las investigaciones me quitaban la ropa, me aplicaban descargas eléctricas por todo el cuerpo, incluso en los testículos, y  me golpeaban con porras y con zapatos militares. Me esposaban con las manos a la espalda y me colgaban de una puerta durante 30 minutos. Siempre me vendaban los ojos durante las investigaciones. En un interrogatorio me quemaron la barba con un encendedor. Las investigaciones se realizaban en otro edificio de la base […] los soldados lo llamaban los edificios SI y S8 [que son dependencias de los servicios de inteligencia militar]. No vi a los investigadores, porque iba siempre con los ojos vendados y me ponían las esposas con las manos a la espalda. Querían información sobre protestas y manifestaciones, y me preguntaban por miembros activos en la universidad. Querían saber quién financiaba las protestas, quién tenía armas, quién las compraba. Me preguntaron también por mi filiación y si pertenecía a la Hermandad Musulmana.”

“Al cabo de 25 días me llevaron a otra celda donde  había otros 23 detenidos. La mayoría eran del Sinaí. Uno de ellos tenía quemaduras […] y dijo que le habían puesto cigarrillos en el cuerpo. Nos dejaban salir de la celda una vez al día, antes del amanecer, para ir al baño, durante cinco minutos y a las 23 personas de la celda a la vez. La comida era pésima. Luego me pusieron en libertad sin orden ni investigación del fiscal […] me sacaron de la prisión y me dejaron a la salida de la base militar, en la puerta 2.”
Otro detenido de Al Azouly puesto también en libertad recientemente:
“Fui detenido en mi casa por fuerzas de seguridad vestidas de civil en febrero. Me golpearon al hacerlo y me llevaron luego a la prisión de Al Azouly. Me interrogaron 13 veces. Me vendaban los ojos, me esposaban con las manos a la espalda y me quitaban la ropa […] luego me aplicaban descargas eléctricas por todo el cuerpo, incluidos los testículos. No me permitían llamar a mi familia […] Le di su número a un compañero de celda que iba a salir en libertad para que les dijera dónde estaba. Un hombre que había con nosotros en la celda, llamado Haj Shetewy, del norte del Sinaí […] sufría mucho por la tortura a que la Brigada Militar 101 de Arish lo había sometido al detenerlo. Le habían introducido una barra de acero caliente en el ano […], lo habían tenido nueve días sin dejarle ir al baño. No lo atendieron […] murió en la celda número 11 de la segunda planta. A mí me dejaron en libertad tras las investigaciones, en mayo.”

Amr Rabee, estudiante de ingeniería en la Universidad de El Cairo, desapareció en la calle Ramses de la capital el 11 de marzo, cuando fue detenido por agentes de seguridad vestidos de civil. No se informó de su paradero a su familia, que preguntó en comisarías de policía y fiscalías y en la sede de los servicios de Seguridad Nacional y, el 15 de marzo, presentó en la fiscalía un informe sobre su desaparición. Las autoridades negaron tenerlo detenido.

Posteriormente, en abril, la familia recibió la llamada telefónica de un ex detenido, que les dijo que Amr Rabee se hallaba recluido en la prisión militar de Al Azouly. Les explicó que el estudiante no podía mover el brazo izquierdo a causa de una lesión debida a torturas. El 17 de mayo, más de dos meses después de su desaparición, llevaron a Amr Rabee a la fiscalía de la zona este de El Cairo. Un abogado que se encontraba allí en ese momento llamó a su familia, que acudió enseguida. Al llegar, la familia supo que se había dictado una orden detención y que, según el expediente oficial del caso, Amr había sido detenido en su casa, en Al Haram, el 17 de mayo, es decir, más de dos meses después de cuando sucedió realmente. Estuvieron cinco minutos con él en la fiscalía, donde les dijo que lo habían recluido en la prisión militar de Al Azouly y, posteriormente, en la prisión de Al Aqrab de Tora. Tenía dislocado un hombro.

Una mujer, vecina de una localidad situada a 250 kilómetros de El Cairo, contó que, en enero de 2014, miembros de las fuerzas de seguridad vestidos de civil y con uniforme de la policía habían detenido a su esposo en su casa en plena noche. Antes de llevárselo, le habían aplicado descargas eléctricas delante de ella. Pese a sus reiterados esfuerzos por averiguar su paradero, no pudo verlo hasta mayo de 2014 en la prisión de Al Aqrab. El hombre presentaba marcas de tortura, como contusiones y cortes en las manos y los brazos y quemaduras en los brazos. También tenía un hombro dislocado. Le dijo que querían que confesara su participación en una explosión en la que habían muerto soldados.

Información complementaria
La prisión de Al Azouly está dentro de la base de la Segunda Comandancia del Ejército, en la que hay también un tribunal militar y oficinas de los servicios de inteligencia militar. La prisión tiene tres plantas: la primera es para militares en espera de juicio; la segunda, para civiles que van juzgados por tribunales militares y para personas que están siendo “objeto de investigación” pero no han sido remitidas a ningún fiscal ni tribunal, y la tercera, también para personas “objeto de investigación”.

Amnistía Internacional no ha podido determinar el número exacto de personas recluidas en la prisión de Al Azouly. Algunas que han sido puestas en libertad afirman que podría haber hasta 200 en cada planta, y calculan que son entre 200 y 400 en total.

Los ex detenidos afirman que el método de tortura utilizado allí depende del perfil de la víctima. A las personas acusadas de haber matado a militares o policías les aplican descargas eléctricas, las cuelgan de una puerta, las queman con cigarrillos y, a veces, las azotan. Los interrogatorios se efectúan en un edificio situado a 10 minutos de la prisión Antes de llevarlos a la primera planta, vendan a los detenidos los ojos y los conducen allí en un vehículo militar. Las investigaciones se prolongan desde las 3 de la tarde hasta las 10 o las 11 de la noche. Como tienen los ojos vendados, los detenidos no saben si las llevaban a cabo agentes de los servicios de inteligencia militar o de seguridad nacional.

La semana pasada, Amnistía Internacional lanzó una nueva campaña global, Stop Tortura, en la que se acusa a gobiernos de todo el mundo de no haber cumplido con su compromiso de erradicar la tortura pese a haber transcurrido ya tres decenios desde que la ONU aprobó la Convención contra la Tortura en 1984.



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